DEDICATORIA:



Dedico con mucho cariño este blog a los buenos amigos que se prestaron gratuitamente a ejercer de improvisados actores para que Tele-Le fuera una "realidad". Especialmente a Jesús; pese a todo, él sigue conmigo.

domingo, 24 de enero de 2021

LAS INVITACIONES DE BODA

HISTORIA REAL COMO LA BIRRA MISMA

-CAPÍTULO 10-

-LAS INVITACIONES DE BODA-

Dos días después, volvieron a verse en el mismo lugar habitual de sus citas. Sestampana estaba nerviosa por ver a su novio al que apenas saludó y rápidamente preguntó ansiosa:

-      ¿Has recogido las invitaciones de la imprenta? Estoy ansiosita por verlas.

-      Sí, pero… cariño, hay una cosa que te quiero decir, hay una reata de imprenta en el escritos que escribistes con tanto amor y  esmerlo.

-      ¡¡Miedo me da!! Trae a ver. Tenemos que repartirlas mañana mismo, así que como estén, no tenemos tiempo para mandar a hacerlas nuevas. Con errata o como sea, nos las quedaremos.

   Cuando Sestampana leyó aquel despropósito, no se cayó de culo porque estaba sentada. Si el texto era insufrible, es aspecto de la tarjeta era poco menos que horrorosa.

La pobre muchacha sabía que no tenía más opción que entregarlas a los invitados tal y como estaban, no tenían absolutamente nada, pero tiempo, aún tenían mucho menos, por eso optó por resignarse ya que este aún no es el capítulo de “pensar en resignarse”. Eso lo leeréis más adelante varias veces.

 -      Al menos han escrito bien nuestros nombres, el nombre de la iglesia y el del restaurante. –dijo-. El que no se conforma es porque no quiere.

-      No me puedo explicarme cómo han podido someter un error tan grande, porque yo les di el papel donde lo habías escrito.

-      ¿Estás seguro? –preguntó desconfiada la chica.

-      Bueno casi –dijo cabizbajo-. Olvidé el papel en casa, pero se lo dije todo de memorias porque había leído el papel muchas veces y lo sabía a las miles maravillas.

-      Ahora me lo explico todo ¡¡Qué habré hecho yo en la vida para merecer todo esto!! –decía llorando a moco tendido.

-      ¿Lloras porque estás emocionada verdad mi vida?

-      ¡¡Y tú estás idiota!! Es imposible que seas así, estás fingiendo ser tan bobo ¡estoy segura!…

-      No, no lo estés. Tú sigue leyendo para que te cierzores.

 Sestampana tardó un rato entre hipidos, llantos, lloros, y mocos tendidos hasta que pudo recomponerse un poco.

Había confiado quizás demasiado en que Esterrato sería capaz de hacer algo tan simple como llevar a la imprenta un papel que ella misma escribió de puño y letra previo haber elegido en esa misma imprenta la tarjeta que más le gustó de entre varios modelos, que nada tenían que ver con la horrible tarjeta que tenía en sus manos.

Visto el terrible resultado ¿qué habría podido ocurrir en la visita de su novio a la iglesia? Y algo casi tan importante o más: al restaurante.

 -      ¿Ya fuiste a la iglesia? ¿Hablaste con don Salvador Mido?

-      No, estaría dormido, yo hablé con don Pacorro.

-      ¿Don Pacorro? ¡No lo conozco! ¡Será nuevo!

-      El cura ese es un poco cascarrias.

-      Cascarrabias.

-      ¿Por qué me insultas?

-      ¡No empecemos! ¿Por qué se enfadó el cura?

-      Porque dice que vivimos pecadosos.

-      ¡¡No le habrás dicho que estoy embarazada!! –dijo horrorizada.

-      ¡¡No!! Embrarazada no, le he dicho que estás preñada, pero tranquila mi vida que ya le dije que nuestro niño no es mío.

-      ¡¡Esterrato!! ¡¡No sabes que los curas pretenden que las novias vayamos vírgenes al matrimonio!

-      Ahora sí lo sé, antes no.

-      ¡¡Qué habrás hecho Esterrato!! –decía desesperada-. ¡¡Qué habrás hecho!!

-      ¡Nada! ¡Hablar con el cura! Me preguntó si habíamos consumido no sé qué del matrimonio.

-      Consumado…

-      Y restado…

-      ¡Calla anda calla!

 Esterrato comenzó a caminar en silencio. Lo hacía en círculos para no separarse demasiado de su amada.

 -      ¡¡Quieres contarme de una puta vez y estarte quieto!!

-      Pero si me has dicho calla y anda…

-      No empecemos por favor. Continúa de una vez este relato que me vas a volver loca.

-      ¿De amor?

-      ¡¡De mierda!! ¡¡Habla de una vez!!

-      Pues como te iba diciéndote antes de que me interrumperías, fui a la iglesia de San Sirolé y pregunté por el pacorro. Me dijo que fuera más correto y le tratase con don. Le dije que yo nunca utilizo  persevativo.

-      ¡Dios mío! ¡Qué bochorno! ¿Qué te dijo?

-      Le contesté que no entendí lo que me decía, pero entró una señora y le llamó don nosecuantos y ya lo entendí.

-      Bueno venga Esterrato, cuéntame cómo fue la conversación.

-      Le dije: don Pacorro, que vengo de parte de mi novia a ver si nos puede usté casar el día “diosmenguante” en el altar de Santa Rita Rita lo que se da no se quita.

-      ¿Sois los dos solteros? –me preguntó.

-      Yo sí, mi Sestampana también.

-      El matrimonio ¿lo habéis consumido?

-      No sé don Pacorro, yo no tengo costumbre de tomar cosas de endrogaditos.

-      ¿Habéis dormido juntos? –siguió preguntando y apuntando en una libreta. Ya sabes, “dormido” juntos.

-      No, porque yo quiero venir San José a casarme.

-      ¡¡Será Virgen!! –gritó el clérigo.

-      Ella virgen, yo San José ¿no?

-      No, ella virgen y tú también ceporro.

-      No me insulte don Pacorro que yo a usté no le estoy faltando al respecto.

-      A ver cómo te lo explico –dijo don Pacorro resignado-. Ser Virgen hijo mío…

-      ¡¡Es usté mi padre!!

-      ¡¡Qué dices mentecato!!

-      No, don Pacorro, me llamo Esterrato no pentecato.

-      Vamos a ver muchacho, que no te veo muy listo… ¿¿habéis follau?? –dijo fadadísimo don Pacorro.

-      ¡Yo no!

-      ¡¡Supongo que ella tampoco entonces!!

-      Ella sí, mucho ¡figuresiusté que está preñada y el niño no es mío! Y es más ¡¡No sabemos de quien es!!

-      ¿Pero qué estás diciendo?

-      La verdad, si no me cree, lea usté esta novela.

-      Bueno, bueno, ya la leeré, ahora no tengo tiempo. –quedó pensativo antes de contestar-. De acuerdo, venir puntuales el día elegido. ¡Puntuales! –recalcó.

-      Por eso no se preocupe. Puntales, seremos puntales. ¡¡Bueno soy yo pa la puntualidad!!

 Esterrato miró a su novia que en crispado silencio permanecía a su lado sin poder literalmente articular palabra.

 -      ¿Qué tienes mi amor? ¡Háblame por lo que más quieras que me estás asustando mucho! –decía agarrando a la chica por los hombros y agitándola como si pretendiera ponerle a su novia los sesos  punto de nieve-. ¡Sestampana! ¡Habla Sestampanita!

-      ¿Para qué quieres que hable? –dijo en un hilo de voz-. Ya has hablado tú demasiado ¿no crees?

-      ¡¡Eso me preguntó don Pacorro!! Que si éramos creentes.

-      ¿Qué contestaste? –preguntó Sestampana temiéndose lo peor, si es que aún podía ser “más peor”.

-      No sé

-      ¿No sabes si crees o no sabes qué contestaste?

-      ¡Las tres cosas!

-      ¿Qué tres? ¡¡Me estás volviendo loca!!

-      ¿A qué no sabes lo que sisnifica tiempo de adventrículo?

-      Adviento.

-      Jajajaja pareces boba ¡Que hace viento dices! Pero si no se mueven las hojas de los árboles, hay calma salchicha.

-      Chicha.

-      ¡Y chicos también hay por aquí! ¿Pero eso qué tiene que ver con el adventrículo?

-      Tanto como tú con la inteligencia.

-      ¿Indigencia?

-      Esta tarde iré a ver a don Salvador Mido. Es el párroco de la iglesia de San Sirolé. Además de toda la vida ha sido mi confesor y me entenderá –dijo desesperada.

-      ¡Como tú quieras! Pero la fecha la tenemos reservada para el mismo día del convite.

-      ¿Seguro?

-      ¡Seguro! No entiendo por qué no me crees.

-      Lo que no entiendo es qué hago contigo Esterrato.

-      Porque tu hijo necesita un padre, pero no te preocupes que ya verás cómo terminarás namorada de mí.

-      ¡¡O colgada de un pino!!

-      El convite va a estar de rechupetarse los dedos cariño –dijo Esterrato por cambiar de tema.

-      ¡Pero si aún no hemos ido a elegir menú!

-      Ni falta que hace ¡¡ya lo hice yo!! Me dijeron que no podían reservarnos la fecha sin saber el menú porque tenían otra pareja que había pedido porsupuesto para el mismo día y que se quedarían con el que les interesara más.

-      ¿Y?

-      Tuvimos una negociazón larga y estendida, pero al final nos hizo la reserva a nosotros ¡¡Buena es mi madre!!

-      ¿Qué tiene que ver tu madre en esto? –dijo temiéndose lo peor.

 Esterrato se puso lívido. Había cometido un grave error y no sabía si su Sestampana podría perdonarle.

 -      ¡Te hice una pregunta Esterrato! –dijo muy irritada.

-      Bueno, en realidad…En realidad al restaurante no me daba tiempo a ir y mandé a mi madre.

-      ¡¡Estás loco!!

-      ¡Tú el caso es insultarme!

-      ¡Cómo se te ocurre mandar a elegir menú a tu madre con lo roñosa que es! ¡A saber qué menú habrá elegido!

-      Bueno cariño, pa eso tendrás que esperar.

-      ¿Por qué?

-      Porque este es el capítulo 10 y pa saber qué menús ha legido, mi mamita, tendrás que esperar al capítulo 15 “El convite”… Te aconsejo que sigas leyendo cariño.

sábado, 23 de enero de 2021

EL PADRE DE ESTERRATO


HISTORIA REAL COMO LA BIRRA MISMA

-CAPÍTULO 9-

-EL PADRE DE ESTERRATO-

Sestampana llevaba varios días barruntando (buena palabra) que la vida del padre de Esterrato podría contener valiosas perlas para esta historia que ocupa mi mente y mis ratos al escribirla y espero que los buenos  vuestros al leerla.

 Había comenzado sus propios preparativos para el bodorrio y aunque la ilusión la tenía más rota que su propia virginidad, no tenía más remedio que continuar con esos planes de boda que ninguna chica decente querría para sí, aunque claro está, si algo no era Sestampana, era precisamente decente y tras saberse preñada de vete a saber quién, no tuvo más opción –como vimos en los primeros capítulos- que agarrarse al clavo ardiendo que le tendía el buenazo a la par que enamorado hasta el tuétano de Esterrato.

 Una bonita mañana de domingo primaveral -al día siguiente de haberse visto- la parejita había quedado en volver a verse en “su” parque, con la sana intención de Sestampana de acuchillarle… no, no penséis mal, (ya le gustaría a ella) de acuchillarle a preguntas para conocer un poco más al familiurrio que en breve iba a ser el suyo para siempre.

 Esterrato había ido a hacer todas las gestiones que su novia le encargó y llegó agotado, pero tan puntual como siempre.

Sestampana se retrasó un minuto y cuando llegó vio como Esterrato se  levantaba del banco con intención de marcharse.

Ese banco bajo un frondoso árbol que le cobijaba de sol, seguía siendo su mejor opción para quedar y quedarse charlando sin optar por una terraza en la que Esterrato hubiera tenido que convidar a su novia (o dejar que pagara ella, que tampoco era tan rumboso Esterrato).

Sestampana apresuró el paso y llegó justo a tiempo de agarrar por el brazo a su novio y detenerlo.

 -      ¿Dónde vas Esterrato? –preguntó extrañada la preñada.

-      ¡Pensé que ya no vendrías y que todo mi trabajo de hoy habría sido en balde! –contestó contrariado.

-      ¡Pero si sólo me he retrasado un minuto!

-      ¡Pues se me ha hecho estreno!

-      Eterno vida mía, tan eterno como se me va a hacer a mí el vivir a tu lado.

-      No sé si eso es bueno, pero oírte decir eso de vivir a mi lado me ha hecho feliz y te perdono la espera que he sufrido.

-      ¡Bueno cuéntame! ¿Qué tal las gestiones?

-      Mal, he desayunau deprisa para no llegar tarde y no pude reposar después del píparo desayuno y he cogido flatos.

-      ¿Qué tiene eso que ver con las gestiones?

-      ¡Ah! ¡Qué bobo! ¡Entendí las digestiones!

-      Bueno ¿cómo van las gestiones? –recalcó- ¿Ya tienes  completa la lista de tus invitados? ¿Sabes si vendrá tu padre a la boda?

-      ¡Estás más tonta que preñada amor mío! –dijo molesto-. ¿No sabes que mi madre es viuda?

-      ¿Viuda o soltera? Que parece que el que no se entera eres tú. Vas a tener que leer de nuevo el capítulo 3. Pone que tu madre nunca conoció varón.

-      ¡Claro, por eso soy huérfano de padre y muy señor mío!

-      Si no conoció varón, ¿Quién puso la semillita?

-      No sé de qué semillita me hablas, mi familia nunca fue de gricultores. Y mi madre me cuenta pocas cosas, no es muy habladora.

-      ¡Mejor no oírla mucho! –pensó Sestampana. ¿Tú no le preguntas?... Bueno, cuéntame tu historia como quieras, porque ya veo que si pregunto te sales por la tangente.

-       Sí, alguna vez pregunto, pero como tú dices, mi madre me sale por detergente.

-      Por la tangente. He dicho por la tangente.

-      ¡Sabrás tú mejor que yo por donde sale mi madre!

-      ¡Vaya! ¡Me estás saliendo respondón!

-      Pues mira, no sé qué quieres decir con esa palabra tan rara. Algunas veces no te entiendo. Hablas con muchas palabras rebuscadas pa hacerte la linternata y eres tan tonta como yo… ¡O más!

-      Literata, puta, no sé de qué más vas a acusarme.

-      No quiero causarte nada, mucho menos enfado.

 Sestampana miró a su novio con ojos de pantera acalorada con ganas de echarle las garras al pescuezo, pero respiró hondo y continuó preguntado.

 -      ¿Tus padres fueron novios mucho tiempo?

-      Sí, mucho, creo que una tarde… pero calla, a ver qué dices ahora que siempre me postillas todo lo que digo, me interrumpes y no podemos seguir dialoguiando.

-      Si no te interrumpo querido mío, será un monólogo.

-      ¿Ves? ¡Otra palabra rara!

-      Venga, no te enfades y continúa contándome. La historia de tu familia parece interesante.

-      Mi madre tenía un novio que se llamaba Aitor.

-      ¡Vaya! ¡Un nombre normal en esta novela! –dijo Sestampana.

-      Aitor Menta Deaire –apuntó.

-      ¡Ya decía yo!

-      Se daba muchos aires de grandeza…

-      ¡Ah sí! ¿Era grande?

-       Era mu pedorro.

-      ¡¡Previsible con ese nombre!!

-      A mi madre no le gustaban esos aires y le abandonó, del disgusto Aitor Menta salió volando como un globo y no saben dónde aterrizó.

-      ¡¡Madre mía, comenzamos bien con las  historias que han pasado en tus antepasados!!

-      Pues me temo que cuando sepas más sobre mi presente y futuro no va a ser mejor.

-      Tranquilo Esterrato, pondré de mi parte todo lo que sea necesario para hacerte muy feliz.

-      ¡¡Qué bonito!! ¡¡Por algo me namoré perdidamientes de ti!!

-      Nuestro noviazgo va a ser el más famoso del mundo. Sólo tiene la escritora que hacer una buena promoción y que se lea mucho esta novela, aunque la pobre, la está vendiendo gratis y de esa forma, dinero no va a ganar escribiéndola.

-      Va a ganar la sastifación de que sus amigos se diviertan leyéndola.

-      ¡¡Claro que si Esterratito!! Venga, vamos a continuar con esta locura.

-      Tuvo otro novio mi madre que se llamaba Francisco Rivera del Duero, un bodeguero borrachín que veía doble y como mi madre nunca se separa de mi tía Mepika, el hombre se volvía loco porque no sabía quién de las cuatro era su novia y la dejó en la bocana del puerto tirada como una colilla.

-      Caliente, encendida y echando humo ¿no?

-      Pues no sé, pero tuvo que dejar de llorarle pronto porque con sus ojillos de puñal clavao en un melón y llorando, no veía nada y se iba dando de golpes. Por eso tienen la cara tan apalastrada.

-      Yo creía que esa cara de pan lechuguino era por sus rasgos orientales –dijo Sestampana-.

-      Claro, también. Los rasgos ya los traía cuando nació.

-      ¿Sufrió mucho tu madre por la pérdida de ese novio?

-      Sufrió más por los golpes en la cara, por eso dejó de llorar, ya te lo he dicho.

-      ¿Qué pasó entonces? –preguntó más curiosa que interesada.

-      Pues que un calvo saca otro calvo y aquella misma tarde se namoró perfídamente de Peskando Kevienendando.

-      ¿Un calvo?

-      No, un azul marino que se fue a altas mares loco por perder de vista a las dos preciosas gemelas.

-      ¡Vaya! ¡Otro desengaño!

-      No, marinero.

-      ¡Continúa, anda, que me estás irritando!

-      Cuando Peskando Kevienendando zampó en su mercante, mi madre quedó en el puerto agitando el pañuelo lleno de mocos y ahí mismo, en ese momento, conoció a Jorge Nitales Estrozaítos.

-      ¡Lo estoy viendo venir!

-      ¿Dónde? ¿Lo conoces?

-      No Esterrato, por su apellido seguro que ahora me dices que era follador poco mordedor jejejejeje

-      No entiendo lo que dices cariño, pero el pobre Jorge tuvo mala suerte.

-      ¡Lógico! Enamorarse de tu madre tuvo que ser horrible.

-      Pues estaban namorados los tres, aunque él tampoco sabía de quien de ellas lo estaba.

-      ¿Qué ocurrió entonces?

-      Que se fue haciendo Fu como el gato.

-      Entonces tu madre y tu tía se quedarían desoladas.

-      No, se quedaron mirando las olas precisamente.

-      ¡Qué románticas!

-      No tardó mucho en llegar por allí un pescador vasco que se llamaba Iñaky Unpeskarín. Al verlas tan solitas mirando al horizonte, se compadeció de ellas y las invitó a dar un paseíto en su barquita.

-      Ohhh ¡Qué bonito!

-      No creas, Iñaky Unpeskarín se arrepintió de haberlas invitado, porque tanto mirarlas embobado, no se dio cuenta de que se había alejado demasiado de la orilla y cuando quiso dar la vuelta no pudo.

-      ¿Por qué no pudo? ¿Qué se lo impedía?

-      No pudo porque vino una ola altísima y se cayó por la bordada de la barquita.

-      ¡Por la borda!

-      Eso he dicho, por la bordada, se cayó y le atacó un escuálido.

-      Escualo.

-      ¿Cómo que cualo? ¡Un tiburón! –dijo molesto-. Era pescador, se cayó al mar y no pudieron hacer nada por él.

-      ¡Lo siento!

-      ¿Cómo vas a sentarlo? El tiburón lo comió de cintura para abajo.

-      ¡Pobrecillo!

-      Son Ganges del anfibio.

-      Gajes del oficio –rectificó entre sin ganas y muy estresada.

-      Eso, gases del ofidio.

-      ¡Menudo disgusto se llevarían las pobres! –dijo Sestampana.

-      Pues sí, fue menudo, no muy grande la verdad. ¿Pa qué querían un novio tronco? ¡Total habían perdido la cuenta de cuantos novios habían tenido esa tarde! ¡Otro vendría que a mí bueno me haría!

-      ¡Menuda tarde atareada tuvo tu madre! ¡Y tu tía!

-      Esfetivamente, pero aún no te he contado lo mejor.

-      Cuenta, cuenta, me tienes en ascuas.

-      No sé qué es pascuas, no estamos en Navidad, pero lo importante es que te tengo –decía feliz el novio.

-      Gracias por quererme tanto Esterrato.

-      Pues como NO te iba diciendo, tras el incidente del escuálido, un barco llevó nuevamente al puerto a mis queridas japochinitas. Mi madre estaba gotada de tanto namorarse y desnamorarse y decidió sentarse a esperar un provenir.

-      Porvenir.

-      ¡Eso! Por venir al puerto esa tarde decidió que nunca más se volvería a namorar porque había sufrido demasiado y se quedó dormida llorando sentada en un bolardo de amarre.

-      ¡Pobre mujer! Tuvo una tarde de mala suerte.

-      Mi tía Mepika se quedó velando el sueño a mi madre, sentada en el mismo bolardo.

-      Qué raro que no se durmiera ella también. Hablan al unísono y todo lo hacen al mismo tiempo.

-      Incluso se lavan los dientes con el mismo cepillo.

-      ¡¡Qué ascazo!! –apuntó Sestampana al borde de la arcada.

-      Es que son muy gemelas.

-      Sí, y japochinas cochinas.

-      Yo las he visto sentadas una pegada a la otra en el Water, con una postura que ya quisieran los controsionistas -decía Esterrato.

-      ¿También se sincronizan para mear? ¿Qué más hacen juntas?

-      ¡Preñarse!

-      ¿Qué dices? –preguntó asustada Sestampana-. ¿Se preñaron las dos? ¡¡Cómo, si no se separan!! ¿Tienes un primo? ¡No me lo habías dicho! ¡No será tan feo como tú! ¡¡Ni tan tonto!! ¡¡¡Los lectores no podrán con otro igual que tú!!! ¿Va a vivir también con nosotros en la Moncloaca? ¡¡No cabremos!!  –decía al borde de un ataque de ansiedad Sestampana.

-      Tranquila cariño que te va a dar algo.

-      Sí, un ataque de ansiedad, lo acaba de escribir la mujer ésta. ¿De veras tienes un primo?

-      No, la que folleteó fue mi tía pero se preñó mi madre.

 Sestampana ante tamaño despropósito, no sabía qué hacer, si cortarse las venas con la batidora o dejárselas largas como las tenía de nacimiento.

 -      ¿Qué dices? –acertó a preguntar atónita-. Explica eso.

-      Pues como mi madre estaba dormida como un tronco y roncando como un cebú con midalitis, mi tía Mepika pudo al fin namorarse por si misma de un chico mu guapo que pasó por allí y se piadó de ella. Tablaron amistad y allí mismo la poseso.

-      Poseyó

-      ¿Tú? ¡Qué sabes tú!

-      ¡Calla y continúa, anda!!

-      Aclárate ¿me callo, continúo, ando?

-      ¡Sigue hablando idiota!

-      Idiota tendrá que ser, porque ya sabes que mu listo no soy.

-      Perdona Esterrato, estoy muy nerviosa. Continúa hablando por favor, que estás en lo más interesante del relato.

-      Poseso, que se la tiró allí mismo.

-      ¡Qué rapidez!

-      Asín es, el noviazgo duró poco porque con los gemidos de mi tía, se despertó mi madre y  el chico salió huyendo sin tiempo ni de subirse la bragueta.

-      ¡¡No sé de qué me suenan esas rapideces cariño!!

-      ¿Por qué lo dices?

-      Por nada Esterrato, por nada.

-      Las dos se quedaron mu tristes porque no sabían el nombre de su hombre.

-      ¿Por qué no sabían su nombre?

-      Porque no se lo preguntarían digo yo.

-       ¡Lógica respuesta! ¿No se volvieron a ver?

-      No

-      Pues qué pena parecía el comienzo de una bonita historia de amor… Bonita o vete a saber.

-      ¿Dónde quieres que me vaya a saber a estas alturas?

-      Sigue con el relato Esterrato, que te enrollas como una persiana vieja.

-      Vale, continúo. Varios días después, mi tía no paraba de llorar y mi madre de gomitar.

-      ¿Por qué vomitaba tu madre cuando tu tía lloraba? ¡Qué descoordinación!

-      Mi tía lloraba porque se acordaba del hombre y mi madre momitaba porque estaba empreñada.

-      ¡¡Pero eso es imposible!!

-      Pues asín fue como concurrieron los hechos.

-      Claro, con razón en el capítulo 3 ponía que tu madre no conoció varón.

 Sestampana no sabía si creer  lo que escuchaba o recordar todo lo que llevaba leído en esta novela surrealista hasta los tuétanos.

No podía juzgar de loca a la escritora. Comprendió que al escribir, al parir tanto despropósito, la mujer mantenía la mente ocupada en crear la historia, evadiéndose del mundo real y de todo lo que pudiera rodearle durante la creación de la historia.

Hilando conversaciones y situaciones locas, no sólo no hacía mal a nadie, más bien todo lo contrario; pensaba que todo aquel que leyera su imposible historia, podría también evadirse del propio mundo cruel que nos rodea a todos y podría gratuitamente esbozar una sonrisa o incluso soltar una carcajada… O no.

 ¡¡Pobre de aquel que piense que está loca, porque el loco siempre será él!!

 No hay mejor cosa en la vida que reír. Si “perder el tiempo” leyendo locuras es ganarle el tiempo a los pensamientos negativos, Sestampana imaginaba que escribirlos debía ser apasionante, gratificante, rejuvenecedor y relajante...

 Sestampana estaba segura que  imaginar escenas tan surrealistas, haciéndolas creíbles como si de una novela “seria” se tratase; seguramente era mucho más difícil que escribir cualquiera de las cosas que su particular escritora escribe en verso o en prosa.

Sestampana se sentía feliz de haber sido elegida para encarnar el papel protagonista de éste despropósito.

 La historia que estaba escuchando contar a Esterrato la tenía preocupada. Quería saber cómo continuaba.

 -      ¿Nunca te dijeron qué aspecto tenía tu padre?

-      No mucho, pero dicen que era guapísimo y muy moreno.

-      ¿De verdad tu padre era guapo? ¡Qué pena!

-      ¿No te gustan los guapos? ¡Claro! ¡Por eso te casas conmigo!

-      ¡No hombre! Me da pena que no hayas salido guapo como él.

-      Confórmate con que no he salido a mi madre.

-      ¡Pues también es verdad! Anda, continúa hablando de tu padre, querido.

-      No me dio tiempo a quererlo. Era mi padre, pero querido, querido, la verdad no mucho… En todo caso fue el querido de mi madre…pero hubiera sido un padrastro mío y a mí no me gusta esa palabra. Prefiero decir uñero.

-      Para no saber nada de tu padre, sabes un montón.

-      ¿Montón es un monte grande? No quiero meter la pata en las respondidas que luego te enfurruñas.

 Hubo un largo silencio. Sestampana a punto del patatús por semejante pregunta absurda, tomó aire varias veces haciendo una respiración que relajara la tensión que estaba sufriendo. Esterrato se percató y se asustó pensando que su novia estaba enferma o algo peor: ¡¡enfadada!!

 -      Sestampana me estás asustando. ¿Qué te ocurre? ¿No te gusta mi historia? Si quieres la cambio.

-      ¿Cambiar la historia? ¡¡Esterrato!! –gritó-. ¡¡No te lo estarás inventando todo!! –logró decir verdaderamente contrariada.

-      Tranquilízate mi amor, no vaya a ponerse nervioso nuestro hijo y cuando nazca no nos deje dormir por las noches.

-      Me lo pones muy difícil para vivir tranquila Esterrato.

-      ¡Qué culpa tengo yo si así currieron las cosas! ¡Yo no me estoy ventando nada!

-      Entonces ¿Tu padre vive o lo has perdido?

-      ¿Yo? ¿Me crees tan despistado como para perder un bulto tan grande?

-      Sí, despistado y despichado Esterratito mío.

-      Pues no sé, yo aún no había nacido y no me acuerdo si se murió o está desaparecido. Al final tendremos que preguntar a mi madre.

-      ¡Uf! A tu madreno me apetece mucho preguntarle nada, además,  cuanto menos diálogo tenga en la novela, mejor para el lector.

-      ¡Pues a mí me parecen graciosas! –defendía el tontito.

-      Sí, sí ¡graciosas! A mí me parecen más insoportables que graciosas ¡¡Y sólo las he visto un par de ratos Esterrato!!

-      Mi vida, ya verás como pronto querrás mucho a las dos –decía poco convencido el chico.

-      Cariño, hablando en serio ¿entonces no sabes si el hombre murió o desapareció?

-      ¿Es una pregunta pletórica?

-      Retórica.

-      retorcida también.

-      Perdona si te ha molestado –dijo la chica tomando la mano al atribulado chico.

-      No te preocupes, comprendo que quieras saber cosas de mi teresante vida.

-      ¿Nunca lo conociste? –volvió a la carga Sestampana.

-      Lo conocí un poco, aunque dejé de verlo cuando yo era muy pequeño y ya sabes que tengo muy mala memoria, por eso no me acuerdo de él.

-      ¿No te da pena?

-      Me da rabia.

-      ¿Rabia no acordarte de tu padre?

-      No, rabia de tener tan mala memoria.

-      ¿Sabes cómo se llamaba?

-      Creo que se llama Retuerto Tanagusto Redolío –dijo al fin.

-      ¿Retuerto? ¡Qué curioso! Nunca había oído ese nombre tan raro. ¿Era español?

-      Era polaco.

-      ¿Polaco?

-      ¡Po sí!

-      ¿Po sí o polaco? –bromeó Sestampana-. Mientras no salga tan tonto como tú, me conformaré. Si como dices tu padre era muy guapo, espero que al menos nuestro hijito se parezca a su abuelo.

-      No sé si te gustará mucho que se parezca a él porque mi padre era guapo, pero también muy suyo, bruto y limpío.

-      Querrás decir impío, ateo…

-      ¡Atento! ¡Yo qué sé si era atento! También eso se lo tendrás que preguntar a mi madre.

-      ¡Uf! ¡Pues me voy a quedar con las ganas! ¡Yo a tu madre no voy a preguntarle ni esto ni otra cosa!

-      Pues te vas a quedar en la napia.

-      Inopia, en la inopia. Me voy a quedar en la inopia –gritó.

-      Lo que tú digas, que parece que todo lo sabes…¡¡¡Y no me grites!!! –gritó más que ella.

... CONTINUARÁ